Diario de viaje #4: India, un país fascinante

Nuestra llegada a la India fue a través de Delhi. Esta ciudad es exageradamente ruidosa y sucia. Veníamos algo preparados por haber estado ya en Kathmandú… Pero no hay nadie con el que nos hayamos cruzado en nuestra ruta que quisiera quedarse más de un día aquí. Es cierto que si uno callejea llega al Old Delhiel casco antiguo de la ciudad, y donde uno tiene su primer encontronazo con lo que es India y con lo que le espera en el resto de su viaje. Hay vacas en cada rincón, las calles están sucias, la basura y el plástico se amonta y de vez en cuando lo queman ahí en medio, hay cables colgando, niños descalzos, tuctucs que van a mil por hora, un tráfico espantoso, pitidos, gente en todos lados, gente que se quiere aprovechar de tí o venderte algo…

Primer contacto con la India en Old Delhi.

Primer contacto con la India en Old Delhi.

India no es un país fácil ni un país donde uno pueda tenerlo todo bajo control. Hay que estar preparado para cualquier imprevisto y no hay que bajar la guardia. Es un país tan intenso y tan diferente para los occidentales que todo nos impresiona y nos parece hasta surrealista. Con muchos viajeros con los que compartimos momentos coincidíamos en que en algún momento del viaje todos teníamos un momento de agobio, de llegar a nuestro límite y querer volvernos a casa. Supongo que es un proceso que todos pasamos al visitar este país y que luego desaparece cuando uno entiende el “ritmo” indio y como afrontarlo. Así que el dicho de que la India te encanta o la odias, su respuesta depende mucho en que momento del viaje estés 🙂

Desmonetización del país = no tenemos dinero!

Nada más llegar a Delhi descubrimos que el país estaba pasando un proceso de “desmonetización”. El nuevo Primer Ministro, que había sido vendedor de té, quiere acabar con el blanqueo de dinero y con lo que se ha hecho toda la vida, el guardar el dinero bajo el colchón. Así que los “billetes antiguos” dejaban de funcionar y la gente tenía que ir al banco a depositar sus ahorros o cambiarlos por “moneda nueva”. ¿Qué pasa cuando un proceso tan complejo se hace en un país con más de 1300 millones de personas? Pues que se colapsa todo… Sin más. Las colas en los bancos eran eternas, muchos cajeros no tenían dinero, los límites para sacar dinero se redujeron a 2000 rupias por tarjeta (menos de 30 euros) … y a eso hay que sumar que muchos sitios sólo cogen efectivo…. Fue como un corralito a lo indio. Así que nuestros primeros días en la India parecíamos el tío Gilito a la hora de hacer cualquier gasto.

Jitu, nuestro conductor indio.

Jitu, nuestro conductor indio.

Ante el cansancio que arrastrábamos de Nepal, el tener que regatearlo todo (hasta un trayecto ridículo de autobús) y el problema serio del dinero… decidimos contratar un conductor para hacer ruta por el norte de la India durante los primeros 15 días. Sí, nos sentimos como unos maharajas con conductor privado, nos sentimos hasta mal al principio por haber hecho este gasto, pero nos permitió recorrer cientos de kilómetros (sin tener que pensar mucho y pudiendo descansar) y descubrir a fondo la región del Rajastán.

Rajastán, tierra de reyes

Llegamos muy cerquita de la frontera con Pakistán, a apenas 70 km, para dormir en el desierto en las mismas dunas y bajo un cielo espectacular que nunca antes habíamos visto así. Fue sin duda una manera excepcional de empezar la ruta.

desierto de Jaisalmer.

Así fue nuestro amanecer en el desierto de Khuri.

Recorrimos ciudades amuralladas y visitamos fuertes imperiales. Paseamos por La Cuidad Dorada, la Ciudad Azul y la Ciudad Rosa. Vimos espectaculares palacios de antiguos maharajas y quedamos perplejos al ver como en el Palacio de la Ciudad de Udaipur preparaban una boda millonaria.

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Impresionante la ciudad amurallada de Jaisalmer.

fuerte-de-jodhpur

Visitar el fuerte de Jodhpur es como trasladarse al escenario de alguna serie.

Nos perdimos en mercados de especias y en bazares de telas. Descubrimos la religión hindú y jainista y quedamos asombrados con sus particulares templos. Como no, también vivimos la parte más religiosa en ciudades sagradas como Pushkari o el precioso y detallista Templo jainista de Ranakpur.

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Templo jainista de Ranakpur, con 1444 columnas de mármol blanco tallado a mano.

Incluso vimos un tigre de bengala en libertad en el Parque Nacional de Ranthambore. Y para acabar la ruta, decir que quedamos boquiabiertos ante una de las maravillas del mundo: el Taj Mahal... Un no parar de experiencias y de información que poco a poco íbamos asimilando.

El día a día en India

fotografiando al extranjero

Luis y su nuevo club de fans de Fort Kochi.

Nuestro conductor era un crack. Entendía que a pesar de ir en coche privado nuestro presupuesto seguía siendo “mochilero”. Así que había días que nos enseñaba donde comer un auténtico plato indio llamado thali por 75 rupias por persona (1 euros). Y sí, era un crack también porque al caer la tarde si lo dejábamos más de 3 horas sólo, le daba por beber whisky y al vernos de vuelta se desvivía de amor y besos (especialmente por la barba de Luis). Un día hasta nos medio obligó a entrar en una boda india que se celebraba cerca de nuestro hotel. Todos nos recibieron con los brazos abiertos y no dejaban de invitarnos a cenar. Nos enseñaron los regalos de los novios, expuestos tal como si fuera el programa de “El precio justo” y vimos llegar al novio en un caballo blanco. Era una boda típicamente india, pero yo me imagino que Farruquito tuvo una boda parecida… Muchos invitados nos pidieron hacerse fotos y selfies con nosotros. Es lo más normal en este país, que te paren, te pregunten de donde eres y quieran hacerse una foto contigo. En la boda fueron demasiadas fotos y casi huimos corriendo del agobio… Ni que fuéramos estrellas del cine…

El problema del dinero seguía día tras día, había ciudades en las que no había dinero en ningún cajero, y algún día que otro era nuestro conductor quien nos tenía que prestar dinero. Si uno lo piensa es de risa, que un indio le tenga que prestar a unos europeos… También fuimos al banco a cambiar billetes viejos por nuevos y aquello a mí ya no me gustó tanto. Es cierto que son muy pacíficos y que al turista le tienen mucho aprecio, pero ver tanta seguridad armada con viejos rifles, tanto indio empujándose en la cola… no me parecía el lugar más adecuado para unos blanquitos como nosotros. Al final, y gracias a que aquí dividen las colas por sexo, mujeres y hombres por separado; la espera no fue eterna. Sí, todos estos días he sido yo la que ha controlado las finanzas ;-P Como regalo del banco me llevé una pintada de henna en la uña que aún pasados 25 días me dura… Así marcan y controlan a quien ya ha cambiado dinero… No hace falta decir más de su control bancario…

India consigue sorprenderte cada día

Los recorridos en coche pasaban rápido, y casi todos los días pasaban cosas asombrosas. Un día adelantábamos a un elefante en la autopista, otro día veíamos una fila de camellos cargar con carretillas llenas de gente y trastos, vimos como un buffalo embestía a un motorista, y lo más peliculero fue que en una carretera secundaria, un chico vestido como un príncipe corría desesperado tras su caballo blanco desvocado. Lo subimos al coche, adelantamos todos los camiones, y nos pusimos a la altura del caballo. El jinete se descolgó por la ventana, agarró el estribo y consiguió calmar a su caballo y pararlo. Paramos por completo el coche. El príncipe se bajó sin soltar las riendas del caballo, se montó a él y se despidió agradecido. Fue como estar en medio de una peli de acción.

Puerta de entrada a Bikaner.

¿Fuerte en el siglo XVIII? No, ciudad india de Bikaner en pleno siglo XXI.

Nuestra última parada con el coche fue en Agra para ver el Taj Mahal. Ahí nuestra “amiga” la niebla haría primer acto de presencia. Según los indios el invierno se ha adelantado quince días y con ello el que haya niebla casi todos lo días. Hablamos de una niebla densa y blanca (también creemos que la polución y contaminación tienen algo que ver…) peor que cualquier niebla vista en Inglaterra. Tan densa es que una pareja de españoles que conocimos fueron a ver el amanecer al Taj Mahal y no vieron nada. Literalmente nada y se iban de la India sin verlo. Si se separaban 15 metros se perdían uno del otro… Así que las fotos del Taj Mahal con el amanecer y sin turistas no son de estas fechas. Que no os engañen los instagramers! 😛

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Felices de no encontrarnos tanta niebla en el Taj Mahal.

Viajar en tren en India, un ejercicio de adaptación y paciencia

En Agra nos despedimos de nuestro conductor y empezaba el resto de nuestra ruta en el que nos tendríamos que mover solos. A la noche teníamos que coger el primer tren, desde Agra a Khajuraho para ver los templos del kamasutra. ¿Cual fue nuestra sorpresa? La niebla volvía a hacer acto de presencia y prácticamente toda la red ferroviaria de la región estaba colapsada. Subirse a un tren indio no es fácil, hay que saltar a todas las personas que esperan y duermen en los andenes y hay que entender toda la división de vagones y clases… Corrimos por las vías varias veces hasta llegar a donde nos tocaba con el temor de que el tren arrancara y Luis y yo nos separásemos. Ok, primer paso conseguido pero nos llegaba lo peor, teníamos que salir a las 23:00 y llegar a las 6:00. Salimos con varias horas de retraso, y en el camino fuimos acumulando más retraso… así que finalmente llegamos a las 18:00 de la tarde a Khajuraho! Tan tarde que los templos del kamasutra estaban cerrados, y en este pueblito no hay nada más que ver… Así que la logística india o el tiempo indio nos hacía la primera gran jugada. 

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Así fue nuestra cama durante dos días en un tren indio.

Lo bueno de pasar tantas horas en el vagón es que acabas intimando con los vecinos que te tocan, en nuesto caso una pareja jóven de Mumbai, los dos fotógrafos de boda (el gran negocio del país); y un matrimonio mayor, el coronel (pertenecer al ejército indio es de los mayores orgullos nacionales) y su mujer quien no dejaba de alimentarnos con bollería hecha por sus sirvientes. Esa misma noche cogíamos tren a Varanasi. La salida no se retrasó mucho… teníamos que salir a las 23:50 y llegar a las 10:50 de la mañana. Pero al final llegamos a las 17:00! Otro día metidos en un tren indio… Esta vez recorrimos trayecto con Iván, un chico gallego que viajaba solo y que vivía su particular Pekín express; y con Víctor y Asun, una pareja de La Rioja con la que compartiríamos risas y momentazos en Varanasi.

El tren resultó mejor de lo que nos esperábamos, vagón con tres literas, manta, sábanas y aire acondicionado. Lo irreparable fue el tiempo perdido ahí metidos sin ver lo planeado.

Varanasi, tienes que vivirlo para entenderlo

Llegamos a Varanasi casi como unos peregrinos más. La parte de los Ghats es francamente impresionante. El fervor de los fieles es fascinante y ver cómo siguen sus rituales día a día dejan a uno de piedra. No hay ni que decir de lo que pasa en el principal crematorio. Es un desfile de cadáveres y familiares que hacen su última purificación en el río Ganges para quemar el cuerpo del difunto. Nosotros en España podríamos decir que hacemos casi lo mismo… pero en la intimidad y sin ningún sentido religioso. Aquí es al aire libre, casi en comuna, y con una explicación religiosa de los 5 elementos que deja a uno anonadado y con ganas de hacerse hinduista. Fue como estar en un decorado de una película, contemplando imágenes que cuesta creer que sean de este mundo y de este siglo.

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Manikarnika Ghat, principal crematorio de Varanasi.

Varanasi es un lugar muy especial. Todo aquel que visita la ciudad lo dice. Yo al principio no sabía si creérmelo… pero reconozco que sí lo es. Lo que uno vive y siente aquí es especial, una conexión extraña o sensación difícil de explicar. La niebla nos dió algo de tregua y pudimos ir en barca por el Ganges, aunque no vimos el amanecer al menos si pudimos contemplar el despertar de los indios y sus ritos. Yo estuve desde el paseo matutino en barca viendo los Ghats hasta el final del día casi llorando de felicidad, con una especie de “rampa eléctrica” por el cuerpo. Algo extraño, lo reconozco, pero a su vez muy especial y personal.

Ritos y baños al amanecer en Varanasi.

Ritos y baños al amanecer en Varanasi.

Pero ya hemos dicho que uno no puede bajar la guardia en este país. Tanto nivel tántrico con los shacras se iba al garete al día siguiente en el aeropuerto. Hacía dos días que estaban cancelando vuelos. Lo habíamos oído pero no queríamos darle muchas vueltas y andar fastidiados, pero la niebla atacaba de nuevo. Nos tocaba volar de Varanasi a Kerala, al sur, haciendo escala en Mumbai. Madrugamos para ir con antelación al aeropuerto y hay que decir que tuvimos mucha suerte porque no nos cancelaron los vuelos. No quiero ni pensar lo que es resolver una situación así en este país, si con Spanair yo no conseguí nada aquí menos aún… Sólo tuvimos unas 5 horas de retraso para llegar al destino final. Dentro de lo malo, fue estupendamente bien.

El sur de la India, un país dentro de otro país

Del frío de Varanasi llegamos al calor pegajoso de Kerala. Al despertarnos y mirar por la ventana creíamos estar en México. Las casas son muy parecidas y hay palmeras por todos lados. Y lo más fuerte: no hay vacas ni sus cacas por la calle!

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Fort Kochi y sus palmeras.

Fort Kochi nos encantó, es una ciudad de clara influencia portuguesa, holandesa y británica. Basta con ver la cantidad de iglesias católicas que hay. Por ejemplo, la familia con la que estuvimos en vez de tener un altar a Shiva en casa, lo tenían a Jesús y a la virgen. Además se llamaban Manuel, Sofia, Lina y Paul, vamos, los típicos nombres indios 😉 

¿Por qué es famoso Kerala? Por sus backwaters. Luis había visto una foto antes de llegar a India y sabía que teníamos que pasar por aquí. Recorrimos en barca una zona de canales y manglar simplemente espectacular. Un paseo silencioso por una limpia, densa y verde jungla que parece mentira que uno siga estando en India.

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Vistas de nuestro paseo por los backwaters de Kerala.

De Fort Kochi nos fuimos a Munnar, más en el centro del estado de Kerala, y situado en un valle completamente rodeado de plantaciones de té. Esta vez fuimos en autobús e increíblemente llegamos antes de lo esperado. Sigo sin creérmelo. El paisaje es casi geométrico, los arbustos dibujan las colinas de una manera suave y casi esponjosa. 

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Panorámica de los campos de té de Munnar.

Y para acabar este recorrido de 28 días en este impresionante, abrumador y excitante país, llegamos a Madurai; dónde se encuentra uno de los templos hinduistas más bonitos (y grandes) de la India.

 templo Meenakshi en Madurai

Puerta oeste de entrada al templo Meenakshi en Madurai.

El haber pasado todo este mes en India te da ciertas ventajas, agradeces lo que tienes en casa y te espabila a otro nivel. Además, pasado el tiempo uno ya sabe reconocer a los recién llegados, porque llevan un punto rojo en la frente, aceptan un masaje callejero o se hacen cientos de fotos con una vaca 😉

Como en India no se come en ningún lado

Otro punto importante es la comida. Nos habían asustado tanto con el no comer en la calle, las diarreas, los dolores de barriga… pero la comida es deliciosa! Cualquier plato que hemos probado está riquísimo: dosas, cachoris, thalis, naan, samosas, panner masala, dhal, lasis… En un mes hemos comido carne sólo dos veces, India es el paraíso para los vegetarianos! Y Luis se ha vuelto adicto al masala chai, té que todo indio que se precie toma para empezar el día, para sobrellevarlo y para irse a dormir.

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Thali, plato típico de la India versión Kerala, servido en hoja de platanero.

De Madurai cogeremos avión a Colombo, Sri Lanka. Pasaremos parte de las Navidades ahí y empezaremos así otro capítulo de nuestra aventura. 🙂  

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4 Discussion to this post

  1. Matija dice:

    Love it! Great analysis of India and I think its those late trains that form part of the adventure. You let your self go to India.

  2. Xeph dice:

    Ole, Rosa de España! Me encanta tu estilo de escribir y contarnos tus adventuras. Bravo!!

    • prismatravelblog dice:

      Xeph!!! jajaja eres un crack! Que guay que te guste!ole y ole! que sepas que te seguimos en instagram y que yo estoy enamorada de tu perrito!!! un beso enorme!!!
      rosa

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